A todos nos ha tocado firmar un contrato que nunca leemos, bien porque la pereza nos hace imposible pasar de la línea punteada, bien porque la letra pequeña es tan pequeña que necesitaríamos un microscopio para ubicar los párrafos, bien porque está tan complejamente escrito que sería más fácil entender el sentido de la vida que cualquier cláusula del mismo.
Pero lo que me ha pasado en Francia cada vez que me ha tocado firmar un contrato no tiene comparación. Empecemos por decir que los dichosos contratos están redactados, como es obvio, en la lengua de Molière (sí, con acento al revés y todo), por lo que a un servidor le fue entregada en bandeja de plata una razón más para no leerlos. Lo irónico de esto, es que los gabachos obligan a firmarlos agregando, de nuestro puño y letra, la máxima “lue et approuvée”: LEÍDO Y APROBADO.
Leído y aprobado? Bueh, será que en nuestros países nos podemos escapar al decirle a un juez: “esa es mi firma, pero no lo leí y no lo aprobé”. No quiero ni enterarme de la jurisprudencia que obligó a tomar esta molestia a los franceses. Pero es que esto no se queda en la mentada frase, sino que en el banco me obligaron a copiar un párrafo completo donde decía que leía y aprobaba las normas generales de la banca francesa. Lo único que podía hacer era reirme y decirle a mis amigos que si no sería suficiente si firmaba con sangre la venta de mi alma inmortal.
El colmo llegó cuando fui a firmar el contrato del alquiler. A mi amiga Tania, que a la sazón fungía como mi fiadora, la pusieron a copiar párrafo por párrafo y cláusula por cláusula el contrato completo de fianza!!! Parecía escriba medieval haciendo una copia de la Biblia. Casi media hora le tomo transcribir el texto, que finalizaba con el omnipresente “lue et approuvée”, como si acaso el desgaste de muñeca no fuese suficiente para atestiguar tamaña faena sólo comparable a las planas que mis profes de primaria me ponían a hacer luego de una tremendura. Al final del martirio, Tania en medio de nuestras risas, se voltea y me dice: “no he leído nada, sólo he copiado como una máquina”. Parece que la pólvora seguirá perdiéndose con estos zamuros legales.




jajajajajajajajajaja coooooooño! que vaina tan buena…
Esa vaina viene con nuestras raices latinas. Aca en en el imperio si tu das tu palabra, hasta un monto de $500 es un contrato y de ahi pa arriba solo basta con dar tus iniciales. Sera que los anglosajones eran mas confiados? o es que la justicia es mejor?
que tal ……… parece como derecho medieval….se quedaron en el pasado….jajaja
hola Julio!
Pensar que quedan pocos, pero hasta no hace mucho los contratos con solo un apreton de manos era suficiente. Claro que en nuestras tierras y hoy en dia es meterse en tremendo ………
jajaja.